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El sofá ideal

Para muchos, el sofá – de la misma manera que la cama – es una de las inversiones más importantes al entrar a vivir en una casa, dejando el resto de muebles en un segundo plano. Tanto es así que no tiene que limitarse a ser un elemento bonito y combinable sino que también es necesario que aúne practicidad, comodidad y funcionalidad.

Al margen del diseño, el número de plazas, el tejido o el estilo, el cual debe estar en sintonía con el resto de la decoración, uno de los aspectos más destacables y que preocupa a la inmensa mayoría de los compradores, es el color.

Pese a que las opciones son múltiples vamos a analizar las más destacadas, teniendo en cuenta en qué ocasiones son preferibles.

 

Grandes dosis de claridad

Los tonos claros son ideales para aquellos casos en los que se dispone de poco espacio. El blanco o el beige son dos colores clave que destacan por su versatilidad y facilidad a la hora de combinar con cualquier estilo, ya sea minimalista, clásico o moderno.

Ambos son atemporales y tienen la gran ventaja de aportar grandes dosis de luminosidad al salón. Además, combinan a la perfección con una gran cantidad de colores de la paleta, desde los más cálidos hasta los más fríos.

 

La elegancia de los tonos oscuros

El azul marino, el negro y el gris oscuro son tres colores con mucha personalidad que aportan elegancia y sofisticación al ambiente. Pueden combinarse con otros tonos aunque los neutros son la mejor elección.

El resto de mobiliario puede ser de madera, para lograr un ambiente armónico, distinguido y muy especial.

 

Tendencias atrevidas

En aquellos casos en los que se pueda permitir una renovación más constante del sofá, se puede optar por piezas más exclusivas y llamativas.

Desde sofás con colores atrevidos y llamativos, como el amarillo, el rojo o el naranja, hasta aquellos que siguen más las nuevas modas como es el caso de los que incluyen la técnica del patchwork, obteniendo un resultado único y muy original.

 

Antes de tomar la decisión de compra, existen factores que es necesario valorar como la cantidad de luz natural que entra en el salón, el color de las paredes, el protagonismo que queremos que tenga el sofá, la posibilidad de que se ensucie frecuentemente si tenemos algún animal doméstico, etc.